Mostrando entradas con la etiqueta Zabo dice. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Zabo dice. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de abril de 2013

Tengo serios problemas para las salidas programadas a boliches, me pongo fastidioso desde muy temprano. No es que no me guste el acto de bailar, pero prefiero mil veces estar sentado en un bar, en una casa con un equipo de música o en un antro donde toquen bandas en vivo. Me molesta ese ambiente falsamente festivo donde no podes tener una conversación con una persona sin llegar a los gritos. Esos lugares son para el dialogo corto, para las líneas de levante, yo de eso no entiendo nada. 

domingo, 23 de diciembre de 2012

Nos aferramos a un “gran amor” que poco tiene que ver con lo que necesitamos, sino con lo que queremos. Queremos el drama, necesitamos la estabilidad. Queremos lo difícil, necesitamos lo simple. Queremos grandes muestras de amor y exigimos que nos bajen la luna si sienten lo mismo que nosotros cuando simplemente necesitamos que nos pregunten como estuvo nuestro día y que de verdad tengan ganas de escucharlo. Ponerse a revisar la historia necesita un “Warning” en rojo furioso. Podemos terminar dándonos cuenta que perdimos a quien nos daba todo lo que necesitábamos por solo estar atentos a lo que queríamos.

lunes, 3 de septiembre de 2012

El hablar mucho te permite manejar la charla. Manejar la charla te permite no dejar un hueco para que te pregunten por qué no queres hablar de vos. Eso es lo que hace la gente como yo.

jueves, 23 de febrero de 2012

Saber jugar a la pelota. Saber nadar. Saber silbar. Saber chasquear los dedos. Saber cocinar algo sin que me quede con gusto a comida hecha con productos vencidos. Saber sobre calles y no perderme cada vez que me alejo un par de cuadras de Parque Chacabuco City Rockers. Saber tomar helado sin hacer un enchastre. Saber lavar la ropa sin hacer que cada prenda pierda su color original. Saber hacer las cosas que sabe hacer la gente normal.
Entender que la gente crece. Entender que no todo siempre sale como uno quiere. Entender que para entendernos todavía nos falta bastante por recorrer. Entender "que sólo en la aritmética
el dos nace del uno más el uno". Entender que más de una vez te vas a equivocar y que eso no significa que lo hagas con mala intención. Entender todas esas cosas que entiende la gente normal.
Creer que todo va a salir bien cuando mi instinto natural me dice todo lo contrario. Creer que para algún Día de los Enamorados voy a poder regalarte eso que se me ocurrió a las pocas horas de haberte conocido. Creer que puede ser para siempre, aunque sea por un rato. Creer que envejecer no es tan mala idea si lo voy a hacer con vos al lado. Creer en todas esas cosas que cree la gente normal.
Poder no tener vértigo arriba de una silla. Poder ir a hacer las compras y atenerme a lo que dice la lista y no llenar el changuito de pelotudeces para que después me putees. Poder escuchar las bandas que te gustan sin preguntarte si de bebé te caíste de los brazos de alguien golpeándote la cabeza fuertemente para creer que la música que escuchás está buena. Poder parecerme menos a Forest Gump cada vez que aparece tu vieja. Poder quererte sin preocuparme de que sea demasiado. Poder decirte que sos lo mejor que me pasó en la vida sin que se me cierre el pecho y ponga cara de que me voy a morir porque me cuesta tanto expresarme (a pesar de que eso te resulte tierno). Poder no vivir con el constante pánico de que un día digas "hasta acá llegué". Poder hacer las cosas que hace la gente normal.
Siempre quise tener una vida fuera de la media. Morir a los 27 y haber dejado un legado era lo ideal. La gente extraordinaria muere a esa edad. Pero un día llegaste e impregnaste mi vida de una casa grande, un auto familiar, hijos, mascotas y un trabajo con horarios fijos para confundirme y hacerme creer que ser normal no está del todo mal. Que quizás esperarte en casa con la comida hecha me alcance para ser feliz. Que quizá ser extraordinario sólo para vos sea todo lo que necesito.