—Nota para mí misma: Marcie sólo apuñala por la espalda por temas triviales.
Cassia y yo estamos sentados tan juntos como podemos. No caigo en la trampa de creer que la sostengo: ella lo hace sola. Pero abrazarla impide que yo me desmorone.
—Esto es una locura—le dije en voz baja.
—Pues yo estoy loco, si.—Otra vez estaba al borde de una sonrisa—. Por ti.