Y muy pocos se deben poner a pensar que sus amigos son sus peores enemigos, que cuando te peleas ellos saben cómo darte donde sos débil, saben que hay cosas que nadie más sabe. Digámoslo cotidianamente, saben donde hacerte mierda y dejarte destruido por días. Pienso que todos deben coincidir en que pelearte con un amigo duele más que pelearte con alguien que no bancas. La podes caretear y decir que no pasó nada, que es un forro o un hijo de puta y que a partir de ahí no le pensás hablar más en tu vida. Muchos cumplieron con eso, pero era porque no debían ser verdaderos amigos.
Somos débiles ante los que queremos, somos frágiles. No sabemos cómo reaccionar cuando ellos hablan o nos putean. Estamos en una cajita de cristal frente a ellos, y cualquier cosa mala que nos digan nos hacen estallar en mil pedacitos, nos pueden dejar heridas que no van a curar nunca, dejar marcas que no se van a arreglar, y aunque a los dos días estemos perfectos, hay cosas que aunque se las perdonemos no nos la olvidamos. Porque nos llegaron en serio, nos tocaron feo. Nos dieron donde más nos dolía.